an enorme y negra era la nube en su cabeza, que creyó que nunca volvería a ver la luz. Un día ingirió cuanta pastilla de Advil y Tylenol halló en casa; en total, 74. Apenas tenía 14 años y quería morir. Linda la encontró desmayada en el suelo. La llevaron rápidamente al hospital, donde convenció a un psiquiatra (y se convenció a sí misma) de que solo había sido un impulso irracional. el psiquiatra aconsejó a sus padres que mantuvieran en secreto el incidente. Su padre, Alan, se estremece al recordarlo.”Las enfermedades mentales son problemas que suelen ocultarse, pero terminan por salir a la luz”, dice. Como su hermano es esquizofrénico y un primo suyo se suicidó, ahora comprende que debía saber eso más que nadie.
ras otro intento de suicidio, Brianne fue internada en el Hospital Malean de Belmont, Massachusett. Hoy, luego de casi cuatro años de recibir psicoterapia y tomar antidepresivos, está prácticamente recuperada. Durante su penúltimo año en la Universidad James Madison, en Virginia, figuró en la lista de mejores alumnos y pasó un semestre en Australia. Esta aventura puso nerviosos a sus padres, pero también los llenó de orgullo.
rianne tuvo suerte, por que millones de adolescentes que son víctimas de la depresión como ella nunca reciben ayuda, a pesar de que, según investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH, por sus siglas en inglés), de los Estados Unidos, los síntomas son evidentes en cerca de ocho por ciento de los jóvenes y en dos por ciento de los niños.
os expertos advierten que la incidencia de la depresión está aumentando entre los adolescentes y los niños. ¿Por qué? Algunos investigadores creen que la alta tasa de divorcios, las crecientes exigencias en la escuela y las presiones sociales agobian demasiado a los más chicos. Hace 20 años los médicos pensaban que solo los adultos sufrían depresión, y que la rebeldía e irritabilidad de los adolescentes era una “Fase pasajera”. Ahora consideran que si esta conducta es crónica, puede indicar trastornos graves.
os adolescentes deprimidos corren algo riesgo de fracasar en la escuela, de aislarse socialmente, de caer en la promiscuidad, de “automedicarse” con drogas o alcohol e incluso de quitarse la vida (el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años). “Cuanto más pronto en la vida aparece la depresión, más tiende el chico a apartarse en su mundo apartado de sociedad.
ara los jóvenes que sí reciben ayuda, el pronóstico es cada vez más optimista. Muchos han podido reanudar una vida normal gracias a los medicamentos antidepresivos y a la terapia conductual cognoscitiva, la cual consiste en conversar con el paciente para ayudarlo a identificar y luchar con las causas de estrés.
pronto se podría contar con un remedio más eficaz. Hace poco el NIMH puso en marcha en 12 ciudades el Estudio para el Tratamiento de la Depresión en Adolescentes, fin de averiguar qué método funciona mejor en chicos de entre 12 y 17 año: los fármacos, la terapia convencional o una combinación de ambos.
l doctor John March, director del estudio y profesor de psiquiatría en la Universidad Duke, señala que se han obtenido buenos resultados con la terapia conductual breve y con antidepresivos como el Prozac y el Paxil. Estos medicamentos, llamados inhibidores selectivos de la reabsorción de serotonina (ISRS), aumentan la concentración en el cerebro de serotonina, neurotransmisor que influye en el estado de ánimo.
in embargo, tanto la terapia conductual como los ISRS resultan útiles solo en un 60 por ciento de los casos, y muchos de los pacientes recaen al cabo de un año. “esperamos que el estudio nos revele cuál tratamiento es mejor para cada cuadro de síntomas”, dice March.
or su parte, el doctor Brent está dirigiendo otro estudio del NIMH a fin de probar nuevos fármacos como el Effexor. Su equipo intenta averiguar si el uso de este último medicamento u otro da resultado en adolescentes que no responden al tratamiento con ISRS.
SEÑALES DE ALARMA
os psiquiatras aconsejan a los padres buscar ayuda si nota en sus hijos adolescentes cambios conflictivos en su manera de comer, dormir o relacionarse, que persistan varias semanas. Cinco o más de los siguientes síntomas también pueden indicar depresión:
- Malestares físicos vagos, como el dolor de cabeza.
- Ausentismo en la escuela o baja de calificaciones.
- Episodio de llanto o gritos.
- Pérdida de interés en los amigos.
- Conducta temeraria.
- Sensibilidad extrema al rechazo o al fracaso.
JOSH ULICK, Newsweek
uera del laboratorio, la tarea más difícil quizá sea identificar a los jóvenes en situación de riesgo. Menos de uno de cada cinco reciben tratamiento “Los padres suelen pensar que su hijo pasa por una etapa normal y que todos los adolescentes se vuelven huraños, renuentes e irritables”, observa Madelyn Gould, profesora de psiquiatría infantil en la Universidad Columbia. Pero afirma que el adolescente típico no llega al extremo del rebelde sin causa.
n las escuelas, la depresión muy a menudo se diagnostica erróneamente como síndrome de fatiga crónica o algún otro trastorno de carácter físico. “si un chico parece un poco deprimido pero saca buenas calificaciones, lo más probable es que los maestros no se fijen mucho en él”, comenta Phil Lazarus, presidente del grupo de respuesta urgente de la Asociación Estadounidense de Psicólogos Escolares.
ncontrar la ayuda adecuada puede resultar difícil, ya que no abundan los psiquiatras especializados en adolescentes y niños. Menos aun en las zonas rurales o con población de bajo ingresos.
uando Jonathan Haynes tenía 13 años, andaba por un camino peligroso. Vivía en las calles de San Antonio, Texas, con sus padres, ambos adictos al crack, y carecer de un techo es factor de riesgo de depresión. Según cuenta el chico, se dedicaba a lo único que podía hacer para sobrevivir: vender crack y robar casas y autos. Pero su vida comenzó a mejorar en el sitio menos pensado la cárcel. En 1999, sus padres, ya liberados de las drogas, lo animaron a buscar ayuda. Tras haber fumado marihuana, Jonathan se entregó a la policía.
ás tarde, en el centro correccional de Southon, le prescribieron antidepresivos. Hoy día, cinco años después, vive con su familia y trabaja para personas discapacitadas. “Puse en orden mis prioridades”, dice. “Debo ser fuerte, y el hecho de que mis padres lo sean me ayuda”·
N EL CASO DE JONATHAN, sus experiencias traumáticas fueron la causa de la enfermedad, pero a menudo el factor desencadenante no es tan obvió. Si bien los cambios hormonales de la pubertad afectan el estado de ánimo, al parecer también influyen otros que se producen en el cerebro.
urante la adolescencia, la sustancia gris pasa por un proceso de “depuración”. El doctor Harold Koplwicz, experto en depresión, explica que esta etapa se elimina las conexiones neuronales en desuso a fin de crear las superconexiones que permiten a los adultos concentrarse y aprender con mayor profundidad. No se ha demostrado que existía una relación entre esa actividad cerebral y la depresión, pero Koplewicz afirma que la depuración ocurre entre los 14 y 17 años, cuando la incidencia de trastornos psiquiátricos es mucho mayor. Los investigadores de la Universidad Duke y de la universidad de Texas coinciden en que estos promisorios estudios pueden conducir a una mejor comprensión de la depresión y a nuevas formas de tratarla.
oplewicz señala que la depresión en la adolescencia es distinta que en la edad adulta. “Los adolescentes deprimidos reaccionan y cambian ante el ambiente más que los adultos deprimido –dice-. Si lleva usted a una fiesta a un hombre es ese estado, no se reanimará. En cambio, un joven quizás se divierta, aunque después, si regresa solo a casa, es probable que vuelva a deprimirse”.
HASTA QUE APAREZCAN los resultados de los estudios de NIMH, padres y especialistas deben evaluar los riesgos de la medicación comprobándolos con el peligro de hacer caso omiso de la enfermedad y la posibilidad de un suicidio.
En 1999, durante su penúltimo año de bachillerato en una escuela neoyorquina, Gabrielle Cryan se sentía obsesionada por la muerte. “A todo el mundo le hablaba de eso”, cuenta. Sus padres la ayudaron a ponerse en contacto con un terapeuta que identifico su trastorno: depresión. Le prescribieron Prozac, el cual le redujo los altibajos anímicos pero la dejaba aturdida.
a terapia conversacional le dio mejor resultado. “Durante la primera etapa de curación me fui volviendo más consciente de mi misma – explica Gabrielle-. Antes no sabía cómo estar contenta”. Aunque superó la depresión, sabe que la vida no siempre será perfecta y quizás tenga que afrontar de nuevo el trastorno.
“Todos vivimos en un perfeccionamiento constante- dice-. Pero confío en que, si tomo las decisiones correctas, iré por buen camino”.
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