demostrado que el calcio fortalece los huesos, las mujeres propensa a sufrir fracturas a causa de la osteoporosis no suelen tomar más complementos de calcio que las mujeres sanas.
a estadística de los pacientes cardíacos es mejor. Entre ellos se observa una tendencia 50 por ciento mayor a ingerir folato, nutriente que aparentemente reduce el riesgo de contraer enfermedades cardíacas. Como la información sobre vitaminas y minerales se actualiza muy a menudo lo más sensato es seguir el consejo de los especialistas: tome diariamente un complemento que no exceda la dosis diaria recomendad de cada nutriente. En caso de duda, consulte a un médico.
QUE LAS AMPOLLAS NO LO FRENEN
n día de campo, una siesta bajo el sol, un paseo por el bosque… Eso fue ayer. Hoy, amaneció usted con una enorme ampolla en un pie. Unos zapatos mal ajustados y el sudor producen fricción al caminar y causan ampollas, explica Perry Julián, podóloga de Atlanta, Georgia, quien ofrece estos consejos para tener unos pies felices:
-Ponga talco dentro de sus zapatos para mantenerlos secos.
-Úntese vaselina en las zonas sensibles, como los talones.
-¿Aún siente los pies sudorosos? Aplíquese antitranspirante antes de una caminata. Un estudio mostró que este hábito reduce de manera significativa la aparición de ampollas.
-Una vez en el camino, cuando sienta que se le está formando una ampolla, quítese el zapato y protéjase la piel con una tirita adhesiva.
SÍ A LOS CEREALES EN EL DESAYUNO
n sano hábito que crece en Sudamérica. Algunas décadas atrás el desayuno con cereales no era más que un rasgo exótico de películas y series estadounidense. En Sudamérica, pese a la importante producción cerealera de la región y el bajo costo de las materias primas, no existía la costumbre de un desayuno balanceado. En muchos casos la primera comida no era más que una bebida caliente.
ero el consumo de cereales para el desayuno comenzó a crecer en las últimas décadas primero entre los niños y ahora en el segmento adulto. En 1997 América Latina fue el mercado de mayor crecimiento a nivel mundial con 15 por ciento promedio de aumento.
i bien aún no alcanza el nivel de consumo de países como los Estados Unidos, con 6 kilos per. Cápita por año, en todo 2001 en la Argentina cada habitante consumió unos 400 gramos de cereales para el desayuno. En Chile, el consumo se duplicó en los últimos cinco años.
ste crecimiento se explica, entre otros motivos, por la insistente campaña de los nutricionistas sobre la importancia de la primera comida del día, especialmente para los chicos y quienes realizan actividades intensas. El rendimiento físico y mental de una persona durante el día esta íntimamente relacionado con el consumo de nutrientes adecuado durante el desayuno. Esta primera comida debe aportar entre 10 y el 30 por ciento de los nutrientes que se necesitarán a lo largo del día. Por esto, omitir o minimizar el desayuno constituye un error de alimentación.
or otra parte los cereales componen un alimento rico en carbohidratos y bajo en grasas. En realidad la ingesta de cereales comenzó a popularizarse en Estados Unidos a partir de tratamientos médicos. En 1894, William Keith Kellogg trabajaba como encargado administrativo en un centro de salud de Michigan que dirigía su hermano médico. En el lugar, una especie de hospital y spa, se ponía mucho énfasis en entregar una alimentación vegetariana y saludable a los pacientes. William Kellogg buscó entonces una alternativa para el nutritivo pero insípido pan. Descubrió que podía hervir los granos de trigo, dejarlos entibiar, luego pasarlos por rodillos y tostarlos. El alimento conservaba así sus propiedades nutritivas y era más digerible que el grano entero.
INVIERNO: CUIDADO CON EL SOL
n error muy frecuente es creer que en invierno no existen riesgos de quemaduras solares, olvidando así la incidencia de factores como la altura y el efecto llamado “albedo”.
“ i subimos a la cordillera perdemos importantes metros de la columna de aire de la atmósfera que nos protege en el valle”, explica el doctor Sergio Cabrera, profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. En el caso específico de Santiago estamos a unos 640 metros sobre el nivel del mar, con 50 kilómetros de atmósfera sobre la cabeza. En la montaña, a 2600 metros, la capa de atmósfera se reduce en dos kilómetros (a 48 kilómetros), con lo que quedamos más desprotegidos frente a los rayos ultravioleta B, advierte Cabrera.Según un estudio realizado en Chile, se comprobó que, en invierno cuando la contaminación de la ciudad de Santiago es máxima, cada mil metros de altura la radiación ultravioleta aumenta entre un 30 y un 40 por ciento “debido a que tenemos menos ozono sobre nuestras cabezas”, explica Cabrera. (Lo normal, en lugares sin contaminación, es un aumento de un 7 u 8 por ciento cada mil metros).
ero al fenómeno de la altura se suma el “albedo”, o cantidad de radiación reflejada desde el suelo y otras superficies. “Usualmente recibimos radiación ultravioleta proveniente del sol o una fuente que está sobre nuestras cabezas. Pero si estamos en un lugar donde además hay reflejos desde la superficie (agua, arena o hielo), la radiación se multiplica por lo meno por dos. “Imaginémonos –dice Cabrera- que estamos rodeados de miles de pequeños espejitos que cuelgan a nuestro alrededor y nos están bombardeando con rayos ultravioleta B. cuando ocurre algo así no basta entonces con ponerse debajo de una sombrilla o colocarse un gorro en la cabeza. Hay que usar un protector solar adecuado porque corremos el riesgo de exponernos a una quemadura severa”, añade el académico, subdirector del Programa de Biología Celular y Molecular.
n Chile, hay muchas personas como los mineros que trabajan en la altura y permanecen allí durante unos días, para luego volver al valle. Su piel debe soportar un cambio brusco de radiación ultravioleta, que podría llegar a ser causa de enfermedades.
demás, aunque sea en invierno, la radiación sigue siendo dañina por la baja cantidad de ozono que protege a la zona central de Chile.
EN RESUMEN: Hace frío, ¡abríguese!, pero ¡cuídese de los rayos solares.
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