firman que es mucho más importante la tensión sicosomática, esto es, las reacciones involuntarias del organismo ante las exigencias de la vida que llevamos de grado o por fuerza. Esas reacciones orgánicas están profundamente enraizadas en la prehistoria. El hombre primitivo sobrevivió en un medio brutal porque, además de un cerebro más perfeccionado, poseía mecanismos de respuesta orgánica que funcionaban instantánea e impremeditadamente cuando se veía en peligro.
Imaginémonos a un primitivo haciendo la digestión después de la caza, tumbado al sol en la entrada de su caverna. De pronto advierte la sombra de un carnívoro que acecha en busca de presa. Sin pensarlo, nuestro hombre reacciona con una multitud de recursos corporales.
escarga en su sangre una secreción de adrenalina, que envía a los músculos y al cerebro las fuerzas almacenadas en forma de azúcar y de grasas, movilizando instantáneamente toda la energía y estimulando el pulso, la respiración y la tensión arterial. La digestión cesa inmediatamente a fin de que toda la energía esté disponible para la tarea de afrontar el peligro. Aumenta el índice de coagulación sanguínea, para el caso de sufrir heridas. Los glóbulos rojos se desbordan del bazo para ingresar en el acelerado torrente sanguíneo y ayudar a que el sistema respiratorio absorba el oxígeno y expela el anhídrido carbónico cuando el hombre prehistórico ataque a garrotazos a la bestia acechante, o cuando se precipite dentro de la cueva en busca de refugio.
oy, según los investigadores de la tensión sicosomática, el hombre de negocios de carácter activo y emprendedor reacciona en una forma químicamente muy parecida, aunque las amenazas de nuestra época suelen ser de tipo abstracto: por ejemplo un frío memorando de un superior en que se insinúa “fusionar su sección con la de almacenes y establecerse y establecerse en otra región”. Las hormonas se vierten precipitadamente en la sangre; el pulso se acelera. Pero el gerente que recibe ese memorando no puede luchar físicamente ni huir.
bligado por las circunstancias a mantener la calma, reprime el temor o la cólera y los acumula sin poderlos dirigir contra un objetivo adecuado, a no ser contra él mismo. Si la amenaza cede o queda superada, vuelve la estabilidad; pero si el ataque se prolonga, el sistema de defensa del hombre agredido se va debilitando gradualmente. Y entonces sobreviene el daño.
l Dr. Hans Selye, canadiense que se ha convertido ya en autoridad mundial por lo que se refiere a las consecuencias de la tensión sicosomática (stress) compara la dotación de energía que trae cada hombre a la vida –esto es, su capacidad para resistir la tensión- con los mantos petrolíferos profundos: una vez que se ha extraído a la superficie y se ha quemado, el petróleo se acaba. Si el hombre elige una carrera en que predominan las tensiones, gasta pronto su dotación y envejece rápidamente.
ntonces será un candidato óptimo para sufrir un temprano ataque coronario.
Si no adquiere una enfermedad coronaria, tendrá jaquecas, úlceras, asma o colitis ulcerante; o quizás choque en la carretera, pues las personas con tensiones son más propensas a los accidentes. Hablando en términos generales, el hombre, cazador de otras especies, se caza a sí mismo en su interior. En los Estados Unidos la investigación de este tipo de tensión se centra cada vez más –y no sin razón- en las enfermedades cardiacas. Los padecimientos cardiovasculares cobran ahora un pavoroso total anual de vidas de norteamericanos en pleno vigor de la edad madura: de 700.000 personas que murieron por afecciones coronarias en los Estados Unidos el año pasado, casi 200.000 tenían menos de 65 años de edad. Los especialistas del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Michigan, entre otros, no han querido aceptar la clásica explicación médica de las causas de esta “epidemia” de males coronarios. John French, hijo, psicólogo del Instituto, dice que los factores reconocidos como peligrosos no explican, ni mucho menos, la alta incidencia de la enfermedad.
ostiene que “si llegáramos a controlar perfectamente el colesterol, la tensión arterial, el hábito de fumar, el nivel de azúcar, etcétera, habríamos evitado solamente una cuarta parte de las afecciones coronarias”. "Muy pocas pruebas", añade, “demuestran que los programas de ejercicios corporales reduzcan sustancialmente la frecuencia de padecimientos de las coronarias o que eviten algunos de los factores peligrosos”.En gran parte, según French, el problema está en el trabajo que uno desempeñe. “las organizaciones actuales pueden imponer tensiones que amenazan seriamente el bienestar material y psicológico de la gente que pertenece a ellas. Cuando un hombre muere o queda incapacitado por un ataque cardíaco, cabe tanta culpa a la organización como al individuo y a su familia”.
Una encuesta realizada en toda la nación y dirigida por Robert Kahn, colega de French, encontró pruebas de que hay una tensión de tipo ocupacional muy extendida.
egún esa encuesta, el 35 por ciento de los empleados interrogados se quejaron de no conocer claramente los fines ni las responsabilidades del trabajo que desempeñaban. Casi la mitad –el 48 por ciento- se sentían a menudo atrapados entre personas que les pedían cosas diferentes. Aproximadamente el 45 por ciento de los entrevistados se lamentaron de exceso de trabajo, de que les exigían más del que podían desempeñar en una jornada normal, o más del que eran capaces de hacer lo bastante bien para no sufrir en su amor propio.
ntre otras tensiones del trabajo que se descubrieron en la encuesta estaban la inseguridad que asalta a quien tiene que ejecutar actividades desacostumbradas; el trato con jefes o subordinados difíciles; la preocupación de tener que asumir la responsabilidad de otros; la sensación de no intervenir en las decisiones que rigen el trabajo propio (sentimiento de frustración que, según French, merma claramente la productividad).
os cargos de gerencia son más peligrosos que la mayoría de los trabajos restantes. En un detallado estudio hecho para la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, en el Centro Goddard de Vuelos Espaciales, los investigadores de la Universidad de Michigan hallaron que los administradores estaban mucho mas expuestos a la tensión que los ingenieros o los científicos. La responsabilidad por otras personas –explica French- produce más tensión que la responsabilidad por cosas.
l estudio de los investigadores de la Universidad de Michigan viene a confirmar otro que hicieron dos cardiólogos de California –Meyer Friedman y Ray Rosenman- y su equipo del Instituto Harold Brunn, del Hospital Monte Sión, en San Francisco. En los últimos 17 años esos especialistas, que dedicaron miles de horas a su labor, reunieron un número enorme de datos, de los cuales se sigue que ciertas formas de conducta y ciertos tipos de tensión común en nuestros días, son los principales responsables de la abundancia de ataques coronarios entre los norteamericanos de edad madura, y también que el tipo de personalidad es de importancia decisiva en este aspecto.
l programa de pruebas que consideran más convincente es el iniciado por ellos en 1960. Entrevistaron a un total de 3500 varones de edades comprendidas entre los 39 y los 59 años, sin antecedentes de enfermedades coronarias, y los clasificaron en dos tipos: el designado como tipo A, que se caracteriza por sus impulsos relativamente intensos, agresividad, ambición, espíritu de4 competencia, afán fe hacer cosas y prisa constante; y el designado como tipo B, de personas que pueden ser igualmente serias en su conducta, pero tienen costumbres más apacibles, rara vez se impacientan y dedican más tiempo a las distracciones; no se sienten apremiadas por el reloj; no están preocupadas por los logros sociales, tienen menos espíritu de competencia y hasta hablan mas moduladamente.
o raro del caso es que las personas del tipo A se acuestan la mayoría de las noches más temprano que las del tipo B, quienes tienden a interesarse por cosas que no son importantes para su carrera, se desvelan más o cultivan con mayor gusto la vida social. (La mayoría de la gente prefiere una mezcla de los tipos A y B, pero el entrevistador avezado descubre en cada individuo el predominio de uno u otro).
asta ahora, 257 personas del grupo de prueba (formando aproximadamente por una mitad del tipo A y otra del tipo B) han sufrido enfermedades de las coronarias. El 70 por ciento de las víctimas son del tipo A. Así pues, en la edad madura, las personas del tipo A están de dos a tres veces más expuestas a estos padecimientos que las del tipo B. Todavía más revelador es el cuadro que apareció cuando se valoraron los tipos A y B en relación con los factores generalmente considerados como peligrosos para el corazón.
[En conjunto, el tipo A tenía concentraciones más elevadas de colesterol que el tipo B, pero se descubrió que incluso las personas de tipo A, que, según los conocimientos tradicionales, hubieran sido clasificadas como más sanas por su tensión arterial, antecedentes familiares y otros factores predisponentes, eran más propensas a los padecimientos coronarios.
a la inversa, los hombres del tipo B podían acusar factores adversos de tensión arterial, o de otra índole, y sin embargo ser relativamente inmunes. El Dr. Rosenman informó que cualquier tipo B cuyos niveles de colesterol y otros ácidos grasos estén dentro de los límites normales, “tiene completa inmunidad a las enfermedades coronarias, aunque ingiera muchas grasas y colesterol, tenga antecedentes familiares y fume y lleve una vida sedentaria”.
¿ ómo se forma el tipo B o el tipo A? Los citados cardiólogos no lo saben, pero para ellos es evidente que en el proceso de diferenciación intervienen tanto la herencia como el medio. Los tipos A se sienten naturalmente atraídos a profesiones que requieren agresividad y donde siempre hay prisa.
a vida de nuestros días abunda en esas carreras, pero las personas del tipo A tienen que refrenar sus ímpetus, aunque les cueste trabajo, aconseja el Dr. Friedman. En todo el mundo se estudian hoy la tensión y sus efectos. En 1950 Hans Selye publicó el primer tratado acerca del tema, pero el año pasado se presentaron casi 6000 informes independientes sobre la tensión.
hora que también los cardiólogos están empezando a creer que las enfermedades del corazón se pueden atribuir en último extremo al afán insaciable de competir y al instinto de agresividad, ¿vendrá una oleada de hipocondríaco temor por la tensión? Es muy probable, pues nada hay más fascinante para el lego en la materia que ver una creencia popular confirmada por científicos de gran reputación.
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