odos los fumadores se pueden clasificar en una o varias de seis categorías básicas. Lo primero que tiene que averiguar quien quiera dejar de fumar es a cuál de ellas pertenece a fin de preparar su plan de ataque.
Los que se agarran al cigarrillo como una tabla de salvación para tranquilizar sus nervios son los que encienden uno en cuanto están tensos o preocupados este tipo de fumadores debe iniciar su desintoxicación en períodos de calma. Un buen momento sería la noche del viernes, con la perspectiva de un descansado fin de semana por delante.
ay otros que necesitan estar continuamente jugueteando con la cajetilla y el encendedor y están a sus anchas manipulando cualquier cosa que se parezca a un cigarrillo, aunque un lápiz o una pipa podrán servirles lo mismo. En cuanto estos fumadores encuentran algo que hacer con las manos durante unos días, el resto les resulta fácil.
os fumadores habituales lo hacen casi inconscientemente y les es difícil abandonar el vicio, aunque, por extraño que parezca, son generalmente los que tienen más éxito, porque, una vez que rompen con la costumbre caen el hábito de no fumar.
os que fuman por placer son los que encienden un cigarrillo después de las comidas ante una taza de café o de té. La solución es romper durante unos días con esta situación y dedicarse a hacer algo inmediatamente después de comer en vez de quedarse sentados.
os fumadores irrefrenables son psicológicamente toxicómanos. En el momento en que apagan un cigarrillo ya están ansiando fumarse otro. Su solución consiste en adoptar la absoluta determinación de abandonar el tabaco.
Los que fuman para estimularse tienen la sensación de que un cigarrillo losa pone en forma. Cuando estos fumadores abandonan el tabaco suelen buscar en el café, el té, los alimentos con muchas especias o en el alcohol un equivalente que les produzca parecidos efectos en el sistema nervioso, pero esos sustitutos les provocan, por desgracia, un mayor deseo de fumar, por lo cual deberán abstenerse de ellos.
n cuanto se abandona el tabaco surgen las tentaciones que incitan a empezar de nuevo. Unas veces son los amigos que ofrecen un cigarrillo, otras saltan a la vista los anuncios atractivos en los que antes no se había uno fijado; se buscan, en fin, miles de pretextos para justificar fumarse “uno solo”.
in embargo, hay cuatro sistemas que le ayudarán a resistir las tentaciones.
- Trate de abandonar el tabaco al mismo tiempo que lo haga un amigo, con lo cual uno a otro se ayudarán moralmente. Por supuesto, cuanta menos gente vea fumar, más fácil le será a usted dejar de hacerlo.
- Cuando viaje, hágalo en los departamentos donde no permitan fumar.
- Cambie de rutina durante unos días a fin de evitar encontrarse en situaciones en las que un cigarrillo le parezca apetecible o necesario.
- Dígale a su familia y a sus amigos que ha dejado de fumar. Ellos lo ayudarán a pasar su período de prueba y usted se sentirá más obligado a sostener su palabra.
inalmente prepárese para sostener una batalla. Probablemente le llevó bastante tiempo adquirir la costumbre de fumar la cantidad de cigarrillos que se fuma ahora, y es posible que tenga que transcurrir otro tanto antes de poder abandonar el vicio. Pero incluso si lleva usted años fumando mucho vale la pena que deje la costumbre, pues desde el primer momento reducirá las probabilidades de padecer cáncer de pulmón o cualquiera de las enfermedades causadas o agravadas por el cigarrillo.
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