n experto en las relaciones de pareja, Michael Lukas Moeller, de Francfort, dice con mucho pesimismo: “Hoy, vivir separados dentro de un aparente matrimonio parece ser la norma”. ¿Qué elemento ha desaparecido de la vida de estas parejas? ¿Qué les falta y qué les impide ser felices? La repuesta, muchas veces, es: ternura.
A menudo, el aburrimiento y la frialdad emocional se presentan desde que la pareja empieza a construir su vida en común. El trabajo y los niños se convierten en lo más importante. La primera señal de alarma es un descontento latente, o un vago sentimiento de desilusión, que suele proyectarse a la pareja. Y, desde luego, un cambio marcado en la actividad sexual.
El valor del contacto físico
n todo matrimonio, la frecuencia de las relaciones sexuales disminuye gradualmente, pero esto, por sí solo, no es señal de que los cónyuges se amen menos. No obstante, si el deseo del contacto físico desaparece por completo, si el espíritu no se alegra con el acto sexual, y si los sentimientos cálidos y sensuales se vuelven infrecuentes, entonces la alarma está en rojo. Si la pareja no quiere caer en la indiferencia y el aburrimiento, debe tomar el camino de la ternura. Este cambio de rumbo no siempre es fácil, aunque sí posible, incluso en los matrimonios que han perdido la chispa y están llenos de conflictos. ¿Cómo puede la gente escapar de esta trampa de indiferencia?
egún las estadísticas, los recién enamorados se tocan 37,8 veces al día. ¿Con qué frecuencia se besan y acarician los esposos que llevan mucho tiempo de casados? Esto, desde luego, varía mucho, pero algunas parejas no lo hacen prácticamente nunca.
na maestra de escuela primaria, Agnes Herlitz, de 49 años, comenta: “La semana pasada tuve un tremendo dolor de cabeza a media mañana. Sin que yo se lo pidiera, una colega me dio masaje en la nuca durante el recreo. Sentí un gran alivio, pero también me invadió la tristeza. Tuve que aceptar que si en casa me aqueja un dolor de cabeza, lo más que hace mi esposo es preguntar: “¿Quieres que te traiga un analgésico?”.
arse masaje, besarse a menudo, acurrucarse juntos para ver la televisión, salir a caminar o dormirse tomados de la mano, hacerse caricias al despertar por la mañana… todos estos contactos contribuyen a mantener la cercanía de una manera sencilla.
omo al principio de una relación estos acercamientos físicos conducen a encuentros sexuales, más adelante se prestan a malentendidos. El carió se reserva para las noches de pasión, cada vez más raras, y el resto del tiempo no hay más que fugaces besos de saludo y despedida.
uchas personas no se dan cuenta de esto. Sólo intuyen que algo les falta. Sin embargo, es posible que una coincidencia pueda hacerlos reaccionar, como le ocurrió a una pareja de ejecutivos, Holger y Anna Steinke. “Estábamos cenando con unos amigos en un restaurante, cuando por casualidad nuestras rodillas se rozaron debajo de la mesa primero nos miramos un poquitín avergonzados, pero después nos fuimos entusiasmando cada vez más. Nos sentimos tan dichosos como unos recién casados”.
Nuevas formas de erotismo
nnemarie Corell, ama de casa, habla por muchas esposas que llevan largo tiempo casadas: “Mi esposo ya no me desea tanto como antes. Sólo hacemos el amor una vez al mes, cuando mucho”.
¿Y que piensa él de esto?
“A mi esposa no le interesa el sexo”, dice.
ste malentendido es típico de muchos matrimonios de años, y así lo confirmó la psicóloga Kirsten von Sydow en una encuesta realizada en la Universidad de Huyesen. Tanto el marido como la mujer suponen tácitamente que es el otro el que no quiere. Lo que ocurre es que los patrones eróticos habituales ya no funcionan como en los primeros años. Cuanto más larga es una relación de pareja, menos desempeña el hombre el papel tradicional de conquistador. Ahora le toca a la mujer demostrar interés sexual. Si espera pasivamente a que él la busque, la relación se irá a pique.
omper este bloqueo exige valor. Renate Heidrich, enfermera, relata:”Mi esposo estaba sentado de nuevo frente a la computadora, ya entrada la noche, y sé que detesta que lo molesten cuando está allí. Pero yo no me quería ir sola a la cama. Primero, con mucha cautela, le acaricié la espalda. Como sentí que le había gustado, me senté en sus piernas, y no se enojó en absoluto. Todo lo contrario”.
El temor al rechazo casi siempre es infundado. En la encuesta de Von Sydow, muchos hombres admitieron que querían que sus esposas les enviaran señales más claras.
Demasiada cercanía crea distancia
ué es lo que resulta tan emocionante en un amor nuevo, y falta con tanta frecuencia en un matrimonio “viejo”? la curiosidad. ¿Qué es lo que falta en un amor nuevo, y resulta tan grato en un matrimonio “viejo”? la familiaridad. Ambas cosas son importantes para que los cónyuges puedan acercarse más sin perder su atractivo erótico.
os terapeutas matrimoniales consideran que un importante factor de la felicidad es “un sano equilibrio entre la cercanía y la distancia”. Las parejas que se tienen que separar con frecuencia saben lo estimulantes que son estos recesos para su sensualidad. Por ejemplo, la cineasta Ursula Clement, de 58 años, que ha sido feliz con su esposo durante 19 años, declara convencida:
“Las separaciones que tenemos cuando estoy haciendo una película han mantenido vivo nuestro amor”.
in embargo, aunque las parejas rara vez se separen físicamente, deben buscar cierta autonomía a través de intereses y actividades personales. Muchas parejas temen distanciarse si cada cual toma su camino. No obstante, parece ser que lo contrario es lo que ocurre: las personas se cansan una de otra, sin darse cuenta, cuando todo lo hacen juntas.
El arte de dialogar
l psicólogo Michael Lukas Moeller observÓ una diferencia muy marcada entre las parejas sexualmente satisfechas y las descontentas: “Las parejas felices siempre se hablaron desde el principio”. Quedarse callados es una de las formas más seguras de matar la pasión; en cambio, el diálogo honesto es uno de los mejores atizadores del amor. ¿Qué implica el diálogo? Una comunicación un grado más profunda que la conversación trivial sobre los sucesos cotidianos.
os amantes nuevos hablan mucho de sí mismos y de sus sentimientos hacia el otro; además, comparten todo lo que piensan. Si esta comunicación se va acabando, “también se marchitará el deseo erótico”, dice Moeller, quien concibió el concepto de “diálogo erótico” para ayudar a las parejas que no se hablan. Las reglas son: reunirse 90 minutos por semana, el mismo día y a la misma hora, para sostener un diálogo. No se hacen acusaciones ni se ejerce presión; sólo se escucha lo que el otro tenga que decir. ¿De qué tienen que hablar los cónyuges? De sí mismos, de su relación, de sus sensaciones corporales, de sus deseos eróticos. Por supuesto, no es fácil empezar, pero vale la pena. Los cónyuges pronto se sienten estimulados, lo cual es terreno fértil para la ternura.
a periodista Beate Müller, de 56 años, lo sabe por experiencia: “Una semana después de que nuestra hija se fue de la casa, mi esposo y yo nos fuimos a Florencia. En un café por primera vez hablamos abiertamente de lo que sentíamos al estar envejeciendo y no tener ya hijos en casa. Estuve más cerca de él de lo que había estado en mucho tiempo. Cuando volví del baño me encontré una nota bajo mi copa: “Eres la mejor mujer del mundo, y la más hermosa”.
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