los expertos de este laboratorio, fundado por el psicólogo John Gottman, les basta con presenciar los primeros tres minutos de una discusión para predecir qué parejas podrían terminar divorciándose si no cambian su forma de pelear.
Gottman y sus colegas han logrado identificar qué hábitos de pelea funcionan –y cuáles no- observando cómo se comunican las parejas y midiendo sus respuestas fisiológicas y sus emociones durante una discusión.
“Se puede salir adelante con malos hábitos de pelea solo por un tiempo”, advierte Carrere, “pero cuando la pareja afronta una crisis mayor –por ejemplo, cuando uno de los dos se queda sin trabajo o se enferma gravemente-, corren alto riesgo de que su relación acabe mal si no han aprendido buenas técnicas para solucionar los problemas”.
Una importante razón por la cual algunas peleas nunca se resuelven es que la pareja evade hablar sobre el verdadero motivo de su desacuerdo. “Con frecuencia, detrás de lo que se discuten está la verdadera causa del conflicto”, señala la experta.
Las parejas que pelean de buena manera procuran ser siempre explícitas. Escuchan con atención y le hacen saber al otro lo mucho que lo quieren y respetan. Pelear bien, añade Carrere, les permite ventilar sus diferencias, llegar a acuerdos y mantener la comunicación.
Ed y yo creemos ser un matrimonio feliz –llevamos 12 años de casados y tenemos tres hijos-, pero cuando nos pidieron que grabáramos en video uno de nuestros desacuerdos para que el laboratorio lo analizara, aceptamos sin vacilar. La discusión (que acabó en pelea) fue sobre nuestro perro, Baci. Lo traje de la calle hace un año, y con maña convencí a mi marido para que aceptara tenerlo en casa. La única condición que puso fue que yo me encargara de cuidarlo, y acepté.
Un día, como íbamos a salir de vacaciones, le propuse contratar a un cuidador de perros, pero él se limitó a rechazar las opciones que le presentaba. Parecía estar fingiendo que Baci no le importaba, y esto me hizo enfurecer.
Antes de enviar el video al Laboratorio del Amor, Ed y yo lo vimos juntos. Con la salvedad de que al final no resolvimos el conflicto (y desperdiciamos mucho tiempo reviviendo viejas peleas, entre ellas una que tuvimos con un casero hacía cinco años), era claro que yo había ganado.
Por supuesto, Ed tenía otra opinión.
-No dejabas de interrumpirme e insistías en lo mismo diciéndolo de mil maneras – se quejó.
Carrere tenía noticias para los dos.
-¿Estudió usted para abogada? –me preguntó-. Cuando su esposo le responde algo, usted cuestiona todos sus argumentos. Al usar un tono interrogativo, lo pone en una situación incómoda y hace que esté a la defensiva. A veces incluso lo obliga a ser agresivo. Mejor debería averiguar qué siente él en realidad.
Me llevé una sorpresa, y mi marido también. La experta calificó de resentido el comportamiento de Ed, y dijo que él no había hecho nada por cuidar la relación mientras discutíamos.
-¿Por qué tenía que cuidarla? –objetó él-. ¡Estábamos peleando!
Resulta que Ed y yo hacíamos lo mismo que muchas parejas: pelear sucio sin darnos cuenta. Según Carrere, esto ocurre por numerosas razones. Quizás uno está dolido o renuente, o tal vez se ha preparado para una pelea y no se percata del esfuerzo del otro para resolver las cosas. También es posible que uno se sienta tan mal con su propia vulnerabilidad, que se resiste a llegar a un arreglo.
“Todas las parejas caen a veces en la trampa de los malos hábitos de pelea”, afirma Carrere. Aprenda usted con su cónyuge a reconocer y corregir estos siete, y podrán pelear de manera productiva y amorosa:
1-Tragarse las quejas y luego descargar el golpe.
Carrere notó que Ed sacaba a relucir agravios pasados durante nuestra pelea, de lo cual dedujo que él tiende a callarse sus inconformidades para evitar conflictos; pero después, cuando discutimos, me las echa en cara de golpe. Esto, en la jerga del Laboratorio del Amor, se llama “sacar los trapitos al sol”. Y como en nuestras peleas íbamos de un tema a otro, nunca resolvíamos nada.
Solución: si uno de ustedes tiende a evitar los conflictos, dediquen con frecuencia un tiempo para expresar sin reservas todo lo que les molesta. Si alguno comienza a ventilar diferencias del pasado durante la discusión, convengan hacer una tregua hasta que se sientan listos para tratar solo el problema en cuestión.
2- Hacer de fiscal.
Esta es la contraparte del mal hábito anterior. Cuando uno de los cónyuges evita las confrontaciones, el otro puede sentirse tan frustrado que se vuelve un interrogador implacable o un hostigador insoportable (como yo). Carrere advirtió que, en nuestras peleas, Ed de pronto parecía una “mariposa atravesada por un alfiler”, lo que ocurre cuando uno de los esposos actúa como fiscal.
3-Enojarse y gritar demasiado.
Pelear asusta. Aligerar la discusión cono un poco de humor bien intencionado sirve para recordar que, aunque el enojo que sienten es real, se disipará pronto.
Solución: Si a media discusión algo le parece gracioso (y no es un chiste que ofenda a su pareja), no dude en compartirlo. “El humor de “Tú y yo solos contra el mundo” suele ayudar mucho”, afirma Carrere. Ed y yo no recurrimos a este tipo de humor cuando peleamos, pero sí para relajar otras situaciones tensas. Yo soy escritora y él pintor, así que, por ejemplo, cuando escasea el dinero, uno de los dos expresa en voz alta lo tonto que fue el casarse con el otro, en vez de hacerlo con un empresario o un famoso abogado.
4-Tratar de ganar a toda costa.
Cuando uno se concentra en ganar una disputa, está relegando la relación, señala Carrere. Si yo hubiera mostrado genuino interés en los argumentos de Ed, explica, él quizá habría hecho más por llegar a un arreglo.
Solución: Su objetivo debe ser lograr un acuerdo que satisfaga a ambos. Carrere recomienda:”En vez de cuestionar las razones de su cónyuge, averigüe qué es lo que siente y después pregúntele:” ¿Qué te parece si buscamos una solución que nos guste a los dos?”” Si comienza usted a desesperarse por salirse con la suya y su pareja parece sentir lo mismo, recuérdele que juntos pueden llegar a un arreglo justo.
5- No expresar cariño a la pareja.
Es difícil mostrar amor cuando uno está enojado, pero hacerlo nos recuerda que el vínculo afectivo es más fuerte que cualquier desacuerdo y que uno de verdad desea arreglar las cosas.
Solución: usen la palabra amor y dejen en claro que, aunque están enojados en ese momento, se siguen queriendo. Tocarse también puede ser útil, siempre y cuando lo hagan cuando los ánimos se calmen.
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