egún nuestra experiencia profesional, estas victimas habrían podido tomar medidas preventivas antes de presentarse la infidelidad, su hubieran detectado a tiempo las señales de peligro. Hemos sacado a la luz tres causas principales de los deslices extramaritales. Si en su matrimonio advierte una o mas de estas señales de peligro, sus relaciones conyugales ya se están deteriorando… aunque usted o su pareja no cometa todavía la infidelidad.
*Soledad. Angela comenta: “Cuando Rick, mi marido, está en el hogar, se pasa todo el tiempo trabajando con su computadora. Un día, en la librería, llevaba yo en las manos varios libros, la bolsa y un paquete de comestibles. Al tratar de sacar la billetera, se me cayó todo lo demás, y un hombre muy guapo y amable me ayudó a recoger las cosas. Al cabo de una semana, nos encontramos de nuevo por casualidad en la librería, y al día siguiente charlamos durante tres horas. Una cosa condujo a la otra… Pero, sinceramente, no fue sólo sexo. Es que… hablábamos. Para Rick, yo era básicamente una maquina de reproducción. No compartíamos casi nada más. Mi soledad era insoportable”.
La causa primordial de la infidelidad conyugal es la soledad que la persona empieza a sentir cuando le faltan las relaciones íntimas. La gente se siente sola cuando no tiene con quién compartir los acontecimientos de su vida, tanto los importantes como los triviales.
* Monotonía. Un hombre nos confió: “Durante once años de mi vida tuve fantasías sexuales deseando a otras mujeres, pero nunca pensé siquiera en cometer adulterio. Cierta noche, cuando estaba solo en una fiesta, porque mi esposa había salido de viaje, una mujer me invitó a tomar una copa en su casa. Al principio, me escandalicé, me ofendí, y le dije que no podía ir. Pero pensar en esa posibilidad me emocionó. A los dos días, llamé por teléfono a aquella mujer. Y asi empezó nuestra aventura amorosa”.
l ansia de emociones eróticas es la segunda causa mas frecuente de la infidelidad conyugal. Tras cinco o seis años de matrimonio, es posible que la pasión se enfríe y que la vida conyugal se torne rutinaria. También es posible que la pareja, antes libre, ya tenga hijos. La actividad sexual se realiza siempre a la misma hora y de igual manera. En cambio, el amorío extraconyugal ofrece muchos de los elementos de la aventura: el coqueteo, la conquista, la emoción del descubrimiento, el peligro, la pasión desenfrenada.
*Falta de comunicación. La mayoría de los matrimonios no reconocen las pautas destructivas de la comunicación en su vida conyugal. Cada cónyuge culpa al otro. La ira y la frustración se filtran en todos los ámbitos de su coexistencia; sobre todo, en el sexual. Ahora bien, la relación interpersonal se establece y sostiene por medio de la comunicación, y las relaciones sexuales representan primordialmente una forma intima de comunicación.
“Nosotros reñíamos por causa del sexo”, comentó Francine. “Alan se disgustaba porque siempre él era quien iniciaba cada relación sexual… y así era, en efecto. Pero, por lo general, yo no deseaba iniciar nada, porque él no se mostraba amable conmigo durante el día. Por tanto, sólo se volvía de espaldas a mí, en la cama, y a la mañana siguiente no me dirigía la palabra”.
[A medida que cada cónyuge sufre cada vez más por estas pautas de conducta destructivas, va sintiéndose cada vez más rechazado. La ira y el maltrato se enfocan contre el cónyuge agresivo. Una abogada se quejaba de que parecía ceder siempre… mientras ardía de cólera por dentro. Explicó: “En mi trabajo, yo soy quien da consejos. Yo controlo las situaciones. Pero, en mi hogar, pase lo que pase, mi marido pretende tener la razón siempre, y yo soy la equivocada”. ¿Es de extrañar que uno o ambos esposos, con tal relación, busquen cariño y sexo extramarital?
ratar de salvar un matrimonio acaso exija mucho más tiempo y esfuerzo que darle la puntilla. No obstante, si ha resuelto usted que le gustaría reconstruirlo, haya o no haya habido infidelidad, he aquí varias sugerencias:
stablezca prioridades. Una paciente, médica de profesión, había trabajado intensamente en un proyecto durante 11 meses, por lo cual descuidó a su marido y la vida hogareña. Cierta noche, cuando se metió agotada en la cama, a las 12:30 después de todo un día de arduo trabajo, el marido exclamó, airado: “¡Ya basta! ¡No lo soporto más! ¡Consideras tu trabajo más importante que yo!”.
ualesquiera que sean los demás intereses de usted –empleo, hijos, familia-, la relación con su cónyuge debe tener la más alta prioridad. Su tiempo y sus esfuerzos deben concentrarse, primero, en las relaciones con su cónyuge, y luego, en los demás aspectos de su vida. Si no organiza de esta manera sus prioridades, quizá le convenga más dar por terminado ese matrimonio.
íjese metas realistas. Si pretende recuperar el encanto de la luna de miel, sufrirá una decepción. No es que la vida sexual no pueda volver a ser emocionante, ni tampoco que desaparezca para siempre el romanticismo; pero todo cuanto compartieron usted y su pareja ya no sirve de norma para la nueva relación. Ambos han cambiado, y sus relaciones tendrán que ser diferentes: en algunos aspectos, incluso, tal vez resulten más satisfactorios que antes.
[A]cepte cambiar. Ambos integrantes de la pareja deben estar dispuestos a cambiar. Si se empieza por realizar pequeños actos de consideración mutua –atender a las necesidades del cónyuge, por ejemplo-, el afecto se consolidará. Poco a poco las relaciones sexuales se volverán más significativas, y cada coito se convertirá en un acto de amor. Renovar la interrelación conyugal requiere de tiempo; los buenos amantes señalan que este proceso continúa indefinidamente, y que ellos nunca consideran haber terminado de conquistar a su pareja.
[E]vite las discusiones enojosas. La comunicación puede resultar destructiva o fomentadora; capaz de echar por tierra o de reforzar la autoestimación. Es fácil caer en hábitos destructivos de la propia dignidad, que a la postre destruyen las relaciones que ustedes desearían mejorar.
“ uando reñíamos”, explica Philip, “siempre caíamos en la misma pauta de conducta. Ella se enfurecía conmigo por algún motivo, y luego se iba a comprar ropa. Entonces, yo a mi vez me enojaba y nos gritábamos por causa del dinero, que se convirtió en el más frecuente tema de pelea”.
menudo, la gente queda atrapada en esos círculos viciosos de conducta agresiva. ¡Rompa el círculo! Descubra los temas enojosos y evítelos: temas como el dinero y la forma en que se gasta pueden enfurecer a su cónyuge. Si logra usted identificar y neutralizar estos temas enojosos, establecerá una comunicación más eficaz y una mejor interrelación.
on el amor marital, se va creando y viviendo un contrato implícito. Casi siempre, este contrato consiste en un acuerdo mutuo, tácito, que se establece aun antes de pronunciar los votos matrimoniales: que las dos personas llegarán a ser una sola. Tal unión será exclusiva, y esta exclusividad estará simbolizada por la intimidad de la unión carnal. El mundo de la pareja gravita en torno de este contrato: de él derivan los hijos, el hogar, las amistades comunes.
i se comprende bien esto se habrán sentado las bases para la estabilidad del matrimonio.
fin de cuentas, jamás sabremos a ciencia cierta qué motiva a determinada persona a romper este contrato y a abandonar a su cónyuge para buscarse otra pareja. Lo que si sabemos es que, si se eliminan ciertos factores destructivos de la vida conyugal, es posible disminuir las probabilidades de la infidelidad, mejorar la relación conyugal y crear un vínculo humano que constituye lo más valioso y gratificante que pueden compartir dos personas.
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