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-¿ or qué me pide 300 extras? –Pregunta el director de escena al director de la obra de teatro-. Ni siquiera cabrían en el escenario.
-No son para el escenario –explica el interpelado-. Los necesitamos para las butacas.
-K.B.
na joven pareja subió al cielo antes de tener la oportunidad de casarse. El novio, muy afligido, llevó a San Pedro aparte y le preguntó si aún podían contraer matrimonio.
-Me temo que tendrán que esperar –contestó el guardián-. Vuelvan a verme entro de cinco años. Transcurridos los cinco años, la pareja regresó.
-Lo siento, amigos, pero hay que aguardar otros cinco años –les dijo San Pedro.
Por fortuna después de este segundo lapso, el apóstol les informó que ya podían casarse. La boda estuvo preciosa, y al principio el matrimonio era feliz; pero luego se dieron cuenta de que habían cometido un error. Entonces fueron a pedirle el divorcio a San Pedro.
-¿Qué? –exclamó éste-. Tuvimos que esperar diez años para encontrar un sacerdote en el cielo, ¿y ahora quieren un abogado?
-Citado por Linda Vaughan
-¿ ué es lo primero que debe saber cuando visita a un paciente en su casa? –le pregunta el presidente de la junta examinadora al estudiante de medicina.
-Su domicilio –respondió al punto el examinado.
-Juanjo Guillén
sustado, el niño retrocede ante el enorme pastor alemán.
-No temas –lo tranquiliza el dueño del perro-. Por la forma en que menea la cola, puedes darte cuenta de que no es bravo.
El chico, gimoteando, responde:
-Pero por delante está gruñendo, y no sé a qué lado creerle.
-V.H.M.
“ uando era yo bebé, llevaba un diario”, cuenta un comediante. “Hace poco volví a leerlo. Decía: “Día uno: Sigo cansado por la mudanza. Día dos: Todos me hablan como si fuera un idiota”.
“Y recuerdo cuando cumplí dos años. Me preocupé mucho porque calculé que en un año mi edad se había duplicado. A este ritmo, pensé, a los siete años cumpliré 64”.
-Sole Perez
En el taxi que lo llevaba a su hotel, un turista en estado de ebriedad se quita el saco y la corbata y comienza a desabotonarse la camisa. El conductor le grita:
-¡Por favor, señor, deje de desvestirse! Todavía no hemos llegado a su hotel.
-¿No? –Responde el hombre, y agrega-: debió decírmelo antes. Ya puse los zapatos afuera.
-A.I.
l regresar de una excursión, el marido se queja de que perdió su anillo de matrimonio.
-¿Y cómo la perdiste? –pregunta su esposa.
-Tú tienes la culpa –contesta el hombre-. Te dije mil veces que todos mis bolsillos estaban agujereados.
-M.C.
l paciente mira con desconfianza la receta, luego al médico, y dice:
-Con esta depresión que traigo, necesito algo estimulante. Algo que me incite, que me espabile, que me prenda fuego. ¿Hay algo así en la receta?
-No –sonríe el médico-. Eso lo encontrará en la cuenta.
-Salvador
El entrenador de fútbol de una universidad había reclutado a un as del deporte, pero el jugador reprobó el examen de ingreso a la escuela. Como lo necesitaba desesperadamente, el entrenador acudió al rector y le preguntó si el muchacho podía presentar un examen oral. El rector estuvo de acuerdo, y al día siguiente el deportista y el entrenador se hallaban sentados en su oficina.
-Bien –dijo el rector-. ¿Cuánto es siete por siete?
El joven pensó unos segundos, y luego contestó:
-Me parece que 49.
El entrenador se puso en pie de un salto.
-Por favor, señor rector –suplicó-, ¡déle otra oportunidad!
-Marcela Tolaba
En un juicio - cusado, ¿se llevó a cabo el robo de la manera en que lo describió el fiscal?
-No; pero no está nada mal su plan.
-T.V.
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